Papás, ¡Abróchense los cinturones! Este viaje no es siempre fácil, pero vale la pena!

 

1. Valorar las vivencias y recuerdos sobre las cosas materiales.

En un momento creí que parte de mi valía como esposo y padre era cuánto podía ganar o lo rápido que podíamos subir en la escala social. Es liberador dejar de lado aquella búsqueda a cambio de una vida repleta de recuerdos con mi familia.

 

2. Reír y sonreír más.

Existen muchas oportunidades (y situaciones) para tomar una mala actitud, quejarnos y ser el “ogro” en casa. En mis peores momentos, se potencia durante tiempos económicos difíciles, horarios caóticos y noches sin dormir. Pero una pequeña sonrisa puede convertirse en una carcajada contagiosa y marcar una gran diferencia en la unificación de la familia, recordándonos que los malos tiempos también pasan y lo importante es mantenernos juntos y cuidarnos entre todos.

 

3. En lo mundano es que existimos.

A menudo, estoy en busca de la próxima gran cosa. Tal vez es una promoción en el trabajo, mi esfuerzo por tener la cita más romántica con mi esposa, tratando de imitar lo que he visto en películas, o conseguir un recuerdo de fotografía con mis hijos. Pero la vida común vivida plenamente y comprometidos es en realidad un lugar alegre para vivir: cuando los pequeños trepan en nuestra cama, piden por una última historia antes de dormir. Los grandes acontecimientos son fantásticos y bienvenidos cuando suceden, pero no te pierdas lo que pasa cada día por esperarlos.

 

4. Llorar más.

Antes de casarme, era fácil embotellar mis emociones y no dejar que las cosas dolieran. Pero me di cuenta que el dolor es mucho más significativo que reprimirlo. Le demuestra a mi familia que estoy conectado a ellos.

 

5. A decir “Te amo”.

Mucho. Mis hijos y mi esposa saben que los amo con todo mi ser. Se los digo a diario. Con palabras y gestos. En un mundo cínico, lleno de dolor y tristezas, el amor es lo que nos da energía para continuar. Saber que les hemos inculcado amor es gratificante.

 

6. El celular obstaculiza la relación con mi familia.

A menudo nos engañamos creyendo que nuestra proximidad es lo mismo que estar presentes. No lo es. En los semáforos, en el parque, en el sofá, me siento tentado a revisar mi teléfono antes que preguntarle a mi esposa e hijos sobre su día. El correo, el chat y las noticias pueden esperar.

 

7. Que estoy comprometido de por vida

Por supuesto no todo ha sido un musical en nuestro matrimonio y siendo padres desde haca 11 años. Hemos cometido grandes equivocaciones y sentido que hemos perdido el camino en múltiples ocasiones. Pero los obstáculos, han forjados un vínculo más fuerte entre nosotros y nos han enseñado que es la fuerza del amor la que nos hace permanecer unidos y felices, incluso en los peores momentos.

 

8. Darme cuenta que no quieren a “Super-man”, me quieren a mí.

Tenerlo todo resuelto y en orden no es un pre-requisito para ser papá. Afortunadamente. Cuando mi orgullo se interpone en el camino, trato de ser un superhéroe autosuficiente. Pero necesito a mi familia tanto como ellos a mí. Ellos no quieren mi versión “todo es perfecto”, sólo mi verdadero yo. Necesitan que esté presente, que quiera estar ahí, que me comprometa y que los quiera.

 

9. Mi matrimonio es mejor cuando estoy presente en él.

Cualquiera puede tener un gran matrimonio cuando las cosas son color de rosa. Pero cuando las cosas han estado abajo, mi maravillosa esposa me ha dicho que ella está agradecida de que yo sigo apareciendo. No es que yo siempre tenga las respuestas o pueda arreglarlo todo, pero me importa lo suficiente como para poner mi corazón en nuestro matrimonio y no dejar de intentarlo. Más allá de la duda, luchas, y el dolor, he aprendido que el significado está en la ejecución de las intenciones. Aunque sea con cojera, mis acciones y esfuerzos son lo que le importa a mi familia acerca, no mis planes bien intencionados.

 

Fuente: yahoo.com